¿Adulto Mayor?... - Intelecto Hebreo

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06/09/2017
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¿Adulto Mayor?...

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Por: Jacobo Contente

(06/2011)                                                               En la boca del viejo todo lo bueno fue, y todo lo malo es.

Baltasar Gracián
(1601-1658)
Escritor español.

Esta denominación “Adulto Mayor”, sacada de alguna manga de la burocracia mexicana y copiada por algunos países de Latinoamérica, contrasta en su hechura y significado con la que se usa en la península ibérica, donde el término de “Personas Mayores”, para mi gusto, y el de muchas personas que ya llevamos con vida más de 60 años en el planeta, es más precisa y de mejor aplicación.
La adultez aplicada a un ser humano que llega a la madurez biológica, no necesariamente es una regla determinante cuando analizamos capacidades de procreación, desarrollo de diversas aptitudes y actuaciones frente a la vida de cada individuo, además de otras como las  intelectuales o de experiencia; generalmente la calificación de ser adulto, se aplica en personas de entre 15 a 64 años de edad. Ahora bien, el ser mayor, implica siempre una comparación de edades entre personas; y en cosas o grados, de acuerdo a sus tamaños o importancias. Resulta por ello redundante el aplicar en nuestro país los términos adulto y mayor, para nombrar una categoría que por lo general inicia a partir de los 60 años. Para terminar se puede observar, que por lo menos la denominación española da la categoría de personas, mientras que la mexicana ignora hasta ése sutil detalle.
Nuestra generación (60 años en adelante), realmente es una de las más grandes en el país respecto a la actual base poblacional, pues su número se vio disminuido en las posteriores, por los sucesivos controles sobre la natalidad que desde entonces se han establecido, con el fin de que las personas tengan mayor calidad y esperanza de vida. Pero si vemos los mismos factores y resultados de calidad y esperanza de vida para las personas mayores o de la tercera edad en México, las cosas son diametralmente opuestas y difíciles, pues rápidamente pierden -entre otras cosas- la oportunidad de trabajo, y por lo general, no gozan de un mejor nivel de vida, pues en una gran mayoría están insuficientemente subsidiados o pensionados, y en materia de salud, limitados a una espera burocrática desesperante. Esos mismos beneficios, pero suficientes y de mucho mejor calidad, se imparten por ley en países más desarrollados que el nuestro, sin tantos miramientos y condiciones, incluyendo el otorgamiento de trabajo sin discriminación de la edad, pues se toman muy en cuenta la experiencia y capacidad de muchos mayores que pueden seguir siendo útiles a sus familias, a la sociedad y a sus estados.
Pero los problemas de una gran mayoría de las personas mayores en México, no son únicamente materiales o de atención a su salud, también existen aspectos sociales, sicológicos y sociológicos, por la constante discriminación -que hasta hace poco tiempo- la sociedad y el estado no tomaban en cuenta, como: centros sociales, ayudas en transportación, descuentos en algunos consumos, pequeñas ayudas monetarias como en el distrito federal, entradas a museos y algunos espectáculos; también con el pago de algunos impuestos como el predial; pero repetimos que todas las mencionadas y otras que ahora se nos escapan, no llegan a ser plenas o de beneficio completo, sino más bien como pequeñas dádivas que generalmente llevan una finalidad de tipo político o electoral.
Para muchos que tenemos contacto con personas del mismo “club” (mayores o si se prefiere viejos), pero que viven en otros países europeos como España, especialidades como la Geriatría o Gerontología no son términos extraños, pues constantemente se han beneficiado en tratamientos y atenciones médicas adecuadas para sus enfermedades, además en aspectos sicológicos, sociales, económicos y demográficos; en síntesis, el aspecto de calidad de vida se trata con apoyos científicos, industriales y de tecnología social, de acuerdo a sus idiosincrasias y costumbres. Cito a España, pues como la generalidad de los países del continente europeo, el concepto de familia todavía subsiste, al igual que en México, pero no obstante la conservación de esta valiosa célula primaria de unión y autoayuda nuclear, esos gobiernos se distinguen ampliamente otorgándoles prestaciones y servicios sin mayores miramientos, y en ocasiones -como debería de ser- antes de que se les solicite.
Esta natural e inevitable problemática social de la humanidad no es nueva, pues ya Platón S. V a.e.c. y Cicerón S. II a.e.c. trataban en sus diálogos, la clasificación de las edades y además daban consejos para estar preparados ante el decurso mismo de la vida, que llamaron “De Senectude”, término que actualmente usamos como senectud. La discriminación y prejuicios de antes, vienen siendo casi los mismos que en el presente, aunque ahora, al parecer, tenemos que añadir -en algunos casos que lamentablemente han crecido- el maltrato familiar a las personas mayores; de esto último se desprende como consecuencia, el advenimiento de la familia nuclear o sólo de pareja, con pocos o ningún  hijo…tal vez con el propósito personal de lograr -por lo menos- estar dentro de una clase media que ha estado en un franco decremento en las últimas décadas, o bien para no ser sujetos de las mismas discriminaciones que ellos practican.
En el caso mexicano y de otros países todavía menos desarrollados, la capacidad de maniobra de esas células primarias notoriamente ha disminuido, por los constantes aumentos en el costo de vida, costos de salud y bajos aumentos en el ingreso real de los elementos que la forman, por lo que a muchos hijos o parientes cercanos se les dificulta el otorgar ayudas y atención esmerada a sus mayores; claro está que existen diferentes estratos económicos en que los satisfactores materiales no son un problema, y hasta los de atención y compañía se pueden comprar, pero no representan una gran mayoría.
Si bien es cierto -por actitudes propias de edades avanzadas- lo dicho por Baltasar Gracián, en otras palabras el afirmar: de que “todo pasado fue mejor”, invita a reflexionar sobre esta problemática, para dar en lo posible cambios rápidos y de fondo, que puedan establecer ciertas normas o diseños universales emanados de los gobiernos y la sociedad en general, aunque nuestras generaciones de mayores no los vean ni se beneficien, pues pensamos que resulta incoherente, contrastante y sin sentido, el que por un lado la humanidad tenga avances importantes en la prolongación del promedio de vida humano, y por el otro, no esté preparada para mantener su calidad y dignidad.
Curiosamente, dentro del folclor sefaradí existe un dicho bastante acertado, que tristemente podemos aplicar a muchas realidades que persisten:

“Cuando el padre da al hijo, ríe el padre.
Cuando el hijo da al padre, llora el hijo y llora el padre”.


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