A preguntas Capciosas... - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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A preguntas Capciosas...

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A preguntas Capciosas... Respuestas Muy Ingeniosas


Por: Albert Djemal

En mi juventud, viví en París, trabajé de periodista profesional y tuve la suerte de conocer y entrevistar a muchos grandes  personajes de aquellos tiempos. He aquí unos extractos de algunas entrevistas:

JEAN COCTEAU
Escritor, poeta, pintor, actor y director de cine; Jean Cocteau, autor de "Les Enfants Terribles" era, en los años cuarentas y  cincuentas, uno de los personajes más famosos de París. Y también era, como nuestro Salvador Novo, un gran "admirador" del sexo masculino...
Un día le pregunté:
-Maestro, ¿Usted cree que un hombre inteligente hace un buen marido?
Su respuesta fue como una flecha:
-Sepa usted jovencito, que un hombre inteligente, JAMAS SE CASA...


COLETTE
Empezando su vida como bailarina nudista en los cabarets de París, llegó a ser, entre las dos guerras, una de las escritoras  más famosas de Francia, con sus obras "Gigi", "Cheri", "Claudine", etc.
Charlando con ella en su departamento del Palais Royal, a raíz de la proyección de una película hecha sobre su vida, le pregunté si había visto la película y que me platicara algo de su vida, diciéndole:
-Dicen que usted tuvo una vida maravillosa... señora.
Y con su dulce voz y una mirada más dulce todavía, la anciana de ochenta años me contestó con una sonrisa traviesa en los labios:
-Si así dicen, ¡Qué lástima que NO LO SUPE A TIEMPO...!

MARCEL ACHARD
Uno de los comediógrafos más conocidos, Marcel Achard empezó su vida como ingeniero civil. Pero un día le picó el gusanillo  y decidió dejar su carrera para dedicarse a escribir.
Y tuvo mucho éxito.
En una entrevista le pregunté:
-Maestro, ¿se puede saber qué le empujó a dejar una carrera brillante para aventurarse en otra que, al principio, no era muy segura?
Me miró a través de sus lentes gruesos como fondo de botella y me contestó riendo:
-La carrera de un escritor es comparable a la de una prostituta... Primero escribe por placer, luego por el placer de los demás... y finalmente POR DINERO...

DANIELLE DARRIEUX
Joven, guapa y muy simpática, Danielle Darrieux fue a finales de los años treintas una de las estrellas cinematográficas  más famosas de Francia y Europa. Sus películas "Mademoiselle ma mere" y "Mademoiselle Docteur" hicieron época  en su tiempo.
Y llegó la segunda guerra mundial, la derrota de Francia y la caída de París y Danielle Darrieux tomó el mal camino y decidió colaborar con los alemanes. Se hizo amante del alto Comisario alemán Otto Abetz y se exhibía a diario con   los altos jefes militares y de la Gestapo. A la liberación de París, la resistencia francesa no perdonó a Danielle Darrieux su mala conducta. La agarraron, la raparon y la pasearon en las calles de la capital junto a muchos de los que colaboraron   con el enemigo y la metieron a la cárcel.
Al salir de prisión años después, se le aplicó la ley del hielo: ninguna revista o periódico publicaba su nombre y ningún productor le ofreció un papel. Estaba casi muerta en vida.
Un día la encontré en un teatro y me acerqué para preguntarle no sin malicia:
- ¿Es verdad lo que dice la gente, que los colchones y las camas alemanas son más suaves para dormir que las camas francesas...?
Su respuesta me llegó en forma de una cachetada y luego con voz que oyó la mitad de los presentes me contestó:
-Publica en tu cochina Revista que Danielle Darrieux, de la cintura para arriba es más patriota que el General De Gaulle, pero de la cintura para abajo ES INTERNACIONAL...


WINSTON CHURCHILL
Un día de 1954, acompañé a mi maestro y amigo, el gran periodista de "Paris-Match" Raymond Cartier a Londres para entrevistar  a Winston Churchill por su ochenta aniversario.
Llegamos a las nueve de la mañana a su residencia de Hyde Park para una cita de 45 minutos. A la una de la tarde no habíamos terminado todavía, ya que el gran hombre, después de cada pregunta y respuesta, se metía en un pequeño estudio    junto a la lujosa biblioteca donde se desarrollaba la entrevista para tomar una siesta de 20 a 25 minutos, después de lo cual aparecía de nuevo con su puro de 25 centímetros de largo y su copa de whisky de casi medio litro.
Terminada la entrevista y después de retratarlo desde todos los ángulos llegó la hora de la despedida. Acercándome al gran estadista me arriesgué una felicitación:
-Sir Winston, le dije casi temblando, espero poder felicitarlo cuando cumpla usted los cien años.
El viejo se acercó a mi con su cara de Bull Dog y me dirigió una mirada severa pero muy pronto su cara se suavizó y con una sonrisa en los labios me contestó:
-Sinceramente no veo la razón para que eso no llegue a ocurrir. Usted se ve todavía muy joven y goza, al parecer, de muy buena salud...
Winston Churchill tenía OCHENTA AÑOS; yo, VEINTISEIS...






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