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Agnón, escritor de la diáspora judía.

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Agnón, escritor de la diáspora judía.

Por: Becky Rubinstein F.
Oct/2011


Yoseph Agnón, reconocido escritor  y Premio Nobel  1966   -lo recibió conjuntamente con la poetisa Nellie Sachs-  aunque asentado en  suelo de Israel, también escribió sobre la diáspora judía , sobre Polonia, la del rey Casimiro el Grande, quien en el siglo XIV , abrió los brazos a los judíos alemanes en tiempos de la Peste Negra. Podría decirse que Polonia representó  para el pueblo de Israel un  oportuno refugio a sus vicisitudes.

Simón Dubnow en  su Manual de la historia judía nos cuenta al respecto: "Monarca tan justiciero no podía maltratar a los hebreos, que desarrollaban en el país el comercio. En el segundo años de su reinado, Casimiro confirmó en Cracovia  las leyes de Boleslao relativas a los judíos, extendiendo su vigor en todo el estado polaco, Más tarde agregó las leyes de Boleslao relativas a los judíos, extendiendo su vigor a todo el estado Polaco. Más tarde agregó a las leyes de  Boleslao nuevas disposiciones, tendiendo a fijar las relaciones entre los israelitas  y el resto de la población sobre bases de equidad y mutuo provecho."

El  respeto  por el judío, agrega Dubnow, de acuerdo a cierta leyenda no era más que el resultado del amor que el monarca sentía por una judía Esterke: "Esta belleza, hija de un sastre de Opoczno, había cautivado el corazón del rey,  y la instaló en su palacio de Cracovia. Tuvo con ella dos hijas, a quienes la madre dio una instrucción hebraica, y  dos hijos, Pelka y Namir, educados como cristianos, y de las cuales descendieron varias familias célebres de Polonia. Esterke, fue asesinada durante las persecuciones que el sucesor de Casimiro, Luis el húngaro (1370- 1382) llevó a cabo contra los israelitas".

Agnón, novelista , quien vio la luz primera  en Buczacz, Ucrania,  en 1888, también escribió sobre  la diáspora judía, sobre el Shtetl que, centuria tras centuria, se fue conformando con sus propias leyes, su propia dinámica.

Su propia esencia.
Como muchos  escritores  del incipiente Eretz Israel , el dos veces Premio Israel de  Literatura, vuelca su mirada a la Europa de sus ancestros invitados por el Gran  Casimiro y perseguidos por Luis El  húngaro. Como bien se afirma en La  literatura  hebrea entre las dos guerras mundiales: "Pocos de los escritores habían nacido en Eretz Israel; la mayoría vino de otros países, de otro suelo, en el cual habían echado profundas raíces y con el cual sus lazos habían alcanzado  cierta intimidad. No debe extrañar, pues, que no se despojaron  inmediatamente de su anterior ambiente, el cual describieron  luego en sus obras."

"Nadie quería una literatura que se limitaría a servir como expresión de una parte del  pueblo". Además, se nos dice,  el escritor  del entonces  Eretz Israel de algún modo se sentía responsable de contar y recontar sobre la cultura  y tradiciones de los judíos de  una diáspora en gran parte aniquilada. Quizá, pensamos, para reivindicarla y no dejarla morir.

Agnón rescata al Shtetl  en Un huésped se quedó a trasnochar, relato que tiene lugar en una pequeña ciudad de  Galicia  en Polonia, a la que el autor  viaja  en  época de la  entreguerra.  "La descripción de la vida en la ciudad, tambaleante  aún bajo los golpes de una guerra mundial y sin percatarse del advenimiento de la próxima,  es presentada  con minucioso realismo y notable fidelidad artística, y el cuadro que así se nos ofrece es verdaderamente sombrío, El Shtetl está en un estado avanzado de decadencia, mientras que las sombras de la muerte están congregándose en torno suyo. El Shtetl en su empobrecimiento espiritual y material, se convierte en un símbolo del destino."

Y hablando de destino, a mi mente viene una historia dramática, también de la pluma del afamado Agnón –Premio Bialik por su novela Hajnasat kalá y Premio Ushiskin por Tmol shilshom,- denominada El Nombre.  En esta historia el hijo se  niega a nombrar a su recién nacido con el del fallecido abuelo. El nombre le parece anticuado,  propio del Shtetl ,  impropio para el  mundo moderno y sus ciudadanos. El hijo se rebela y al rebelarse pierde su esencia, su pasado y hasta parte de su  destino.

Así pues Agnón nos muestra  la moneda en sus dos caras: el imposible y doloroso  desarraigo frente al  indoloro y, al parecer, natural  desapego a causa de un fenómeno irremediable llamado modernidad.

Y como Agnón muchos, desde Eretz Israel,  se ocuparon de sus raíces ancestrales, de la diáspora y del Shtetl.  Para muestra se encuentran  los cuentos cortos de Devora Barón; Las peripecias de los "Asfaltadores" de  Ari  Ibn-Zahav y el libro de memorias Del  Distrito de la Niñez de  Dov Stock, entre otros.




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