Bejor, Bejora, Bikurim - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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Bejor, Bejora, Bikurim

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Bejor, Bejora, Bikurim


Por: Bechy Rubinstein

Bejor, Bejora. Bikurim: tres palabras y una misma raíz que las hermana.

Bejor, habla del primogénito de cada familia, de la energía concentrada en  el primer varón. Bejora se refiere a la primogenitura  o condición de Bejor, de la que goza el primer hijo varón en Israel. Bikurim hace referencia a los primeros frutos cosechados tras ardua faena, tras larga espera.

El primogénito en Israel era redimido tras un rescate, tras un Pidión. La plata, metal transmisor, mediatiza la redención del hijo nacido de vientre judío, santificado desde su gestación al servicio del Templo. Tras una ceremonia, a los   treinta días, el pequeño nacido por medios naturales y sin previos abortos por parte de la madre, es liberado del servicio y obligaciones divinas, quedando la energía del primogénito entre su parentela.
Por otra parte, nos encontramos con la Bejora, bendición y derecho, que ha motivado más de una querella: la primera, la de Caín y Abel, descendientes de la primera pareja humana. Varias fueron las razones de la disputa fraternal. El Talmud nos   dice: "Un día Caín se adjudicó la tierra, Karka y Abel, los Metaltelim, los bienes muebles. Caín gritó a su hermano: 'No tienes derecho a pastorear tu ganado en mis tierras'. El otro respondió: 'No tienes derecho a vestirte con la lana   de mis ovejas'."
El segundo motivo de disputa fue la herencia que habrían de recibir tras la muerte de sus padres. Caín, el primogénito, alegó tener derecho de recibir dos partes. Además, apetecía el altar donde su hermano sacrificaba sus corderos. "Porque   las ofrendas ahí quemadas son aceptadas por el Señor". Abel, por supuesto, se negó a negociar.
Un tercer motivo de querella: cada uno de ellos pretendía el altar del Adam ha-Rishón donde, en un futuro, sería construido el Santuario de Jerusalem. Un motivo más de conflicto: Caín, al ver que su ofrenda no era recibida por D', se llenó   de ira. Abel, por su parte, presumió ante su hermano su buen corazón. Un buen día, los hermanos llegaron a las manos. Caín pidió misericordia a Abel; el bueno de Abel, lo liberó. Ya libre, se lanzó sobre su contrincante, golpeándolo,   hasta dejarlo muerto.




La Biblia nos relata un caso, por cierto famoso, sobre la entrega de la primogenitura.  Los personajes de esta historia: Isaac, Rebeca, los padres, Jacob, Esaú, los hijos. A Esaú correspondía el gozo de la primogenitura, sin embargo la vende,   por un simple plato de lentejas, a Isaac. Dicha transacción, aparentemente injusta,  no lo era tanto. Jacob, quien nació después de su hermano, sin embargo, fue engendrado antes. De ahí que la "venta de la primogenitura" no fuera más que   un acto de justicia. Jacob, ligado a la Sefirá de Tiferet, de la centralidad, vendría  a ser, al paso del tiempo, padre de las doce tribus de Israel. La energía prístina quedó en su debido lugar. La moraleja de la Bejora: es un don que  puede  convertirse en motivo de discordia.
Bikurim, los primeros frutos de la tierra llevados al Templo; primicias bendecidas por la energía de todo inicio. Higos y frutas frescas, los que vivían cerca de Jerusalem; frutos secos, los que lejos. Esa era la consigna. Un toro marchaba al frente,    sus cuernos dorados y una corona de laurel sobre su testa. Un sonido de flauta; una paloma, futuro holocausto, acurrucada en una cesta; mil plegarias: "Mi padre era arameo y nómada..."
El vientre de la tierra es pródigo: ricos, que traen sus primicias en canastos de plata y de oro; pobres, que traen las suyas en cesto de mimbre, la veneran. Todos, sin excepción, son sus hijos bienamados; todos, sus primogénitos que gozan de    su bonanza año tras año; ciclo tras ciclo, sin querellas ni fricciones. Todos, cual hijos agradecidos, pagan el diezmo, el tributo tras recibir la cosecha, primogenitura de la tierra que los convierte, sin distinción alguna, en primogénitos,    herederos de beneficios en Israel.
La energía vital recae sobre los hombros cargados de canastos, de responsabilidades pues sólo cosecha quien lo merece, símbolo y realidad de aquellos días, cuando el Templo estaba en pie; símbolo y ejemplo en nuestros días, cuando el    Templo es presencia metafísica.

Bejor, Bejora, Bikurim: la raíz es una, diferentes, sus acepciones y sin embargo, ligadas a la energía  que se recibe y que, a la postre, se comparte.



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