De Waterloo a la Guerra Fría, Parte II - Intelecto Hebreo

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De Waterloo a la Guerra Fría, Parte II

1er Lustro Rev. Foro

Diciembre de 2010

Por: Jacobo Contente          


El imperio de Napoleón surgido de una Revolución, nunca contempló el ser hereditario, al igual que en su tiempo lo fue el romano; por lo general en ambos se llegaba al poder por méritos, cumpliendo así con uno de los principios de igualdad fundado en la Revolución. No obstante su coronación y ya siendo padre, Bonaparte nunca estableció el derecho de sucesión como en las verdaderas monarquías.

Grandes victorias dieron a Francia la dominación parcial de Europa, y no todos los acontecimientos bélicos dieron los resultados esperados, como fue el caso de la invasión de Inglaterra, que produjo tan solo la destrucción casi total de su Gran Armada en la batalla de Trafalgar, donde el almirantes Nelson demostró mejores estrategias, muriendo en la refriega sin poder gozar su triunfo. Napoleón, con lo que quedaba de sus navíos, se replegó en Boulogne, enviándolas de nuevo al combate contra los austriacos y rusos; más tarde hacían frente a los prusianos, a los que aniquiló.

El apogeo militar napoleónico se puede fijar en el año 1807, cuando en una balsa en el río Niemen, junto con el zar de toda Rusia, firma la paz de Tilsit. Sin embargo y no obstante que España era su aliada, comete su segundo error fatal al sentar en el trono de Madrid a su hermano José, a quien tristemente se le conocería en México con el mote burlón de “Pepe Botella”. El motivo que lo movió a la ocupación de la península, era el de expulsar a los Borbones, quienes a la postre -junto con el resto de la nobleza europea- cobrarían las ofensas.



Por lo general las poblaciones italianas, checas, polacas o bávaras, consideraban a los soldados de Francia como libertadores; pero el pueblo español, poco abierto a ideas de la ilustración, los consideraba como vulgares invasores. En España decidió concentrar sus barcos, mientras en tierra combatía a los ingleses que ya habían desembarcado en el continente y de paso luchaba con los austriacos. A los primeros, no obstante el embargo que impuso a la isla, no los pudo reducir, no así al monarca austriaco, que tras la derrota empujó a su propia hija María Luisa a una boda con Napoleón. De la unión, surgió su primer hijo legítimo (quien moriría como príncipe austriaco). Con anterioridad -todavía casado con la célebre Josefina- tuvo un hijo natural d la polaca María Waleska, quien siempre demostró su amor al Corzo hasta en los peores momentos.

Pero vendría el tercer error del emperador, al romper la paz con Rusia que atacó en 1812. Al igual que la población española, los rusos se negaron a someterse incendiando pueblos y ciudades a todo lo largo y ancho en que sus tropas avanzaban. Aunque Napoleón llegó a dormir cerca de la capital rusa, llegó el implacable general ruso llamado invierno, perdiendo Francia lo que quedada de su flota, las mejores tropas, comandantes y equipos. Por su parte él consiguió volver a París en trineo, dándose a la labor en 1813 de volver a reclutar nuevas fuerzas, que lanzó en otra campaña, ahora contra Alemania.

Victorioso en un principio, sufre una derrota en Leipzig; mientras tanto el sentimiento nacional de varios países se empieza a inclinar a favor de las monarquías y sus reyes. Una vez que los monarcas se pertrechan y gozan de mayor simpatía popular, deciden invadir Francia, algo que consiguen haciendo su entrada triunfal a París y dejando como gobernante al hermano de Luis XVI, quien actuaría también a favor de los Borbones.

Parecería que hasta ése momento los principios de la Revolución habían terminado; sin embargo los monárquicos en el poder actuaron con torpeza, sin haber aprendido ni olvidado nada. La población en general los despreció, y sólo duraron nueve meses en el poder, hasta el regreso de Napoleón de la isla de Elba, el 1 de marzo de 1815, restaurando una República popular.

Los demás países monárquicos no aceptaron su regreso, por lo que con mayores y mejores tropas, además de comandantes más preparados, Bonaparte de inmediato comprendió el peligro, por lo que decidió hacerles frente usando sus mejores estrategas y lo que pudo reunir de su ejército en tan corto tiempo. Sin buenos resultados Napoleón pierde en la batalla de Waterloo, retirándose por la noche con rumbo a París. Cuando supo que todo estaba perdido, pidió asilo a los ingleses, quienes a su modo se lo dieron, llevándolo en uno de sus barcos hasta una pequeña y malsana isla africana, donde murió en 1821.

Reunidos en Viena los vencedores (prusianos, austriacos, rusos e ingleses) decidieron entre ellos los nuevos límites territoriales de Francia, más o menos similares a los que había en el reinado de Luis XVI, sin embargo perdió la orilla izquierda del Rin y Bélgica.

Continuará…



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