El movimiento y el alma de la pintura - Intelecto Hebreo

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06/09/2017
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El movimiento y el alma de la pintura

1er Lustro Rev. Foro

Por: Isaac Lupa (Tel Aviv)
(08/2011)

Podemos hablar del arte en formas diferentes, ahora sobre dos exposiciones en el Museo Tel Aviv. Comenzaremos hablando sobre quien durante 15 años fue el director del lugar y jefe de curadores, es decir el responsable y organizador de lo que en el museo veíamos: nos referimos al profesor Mordejai Omer (1941-2011) fallecido el 6 de junio último, quien fuese director y jefe de curadores desde el año 1995, profesor de arte en la Universidad de Tel Aviv, uno de los más grandes especialistas y conocedores de la historia del arte israelí, cuyas teorías son muy apreciadas en el medio artístico y educativo.Afortunadamente, tuve la ocasión de escucharlo hablar en varias inauguraciones de exhibiciones del museo.

El 6 de julio, al cumplirse los “shloshim” (treinta días) de su fallecimiento se abrió en el museo una exhibición del pintor Michael Gross (1920-2004 ) con una serie de sus pinturas figurativas realizadas en el año 1987, trabajos que tienen una forma de dirigir las pinceladas pequeñas que salen de las profundidades del alma de Gross, trabajos que van en el contexto del tiempo y el lugar. Podemos ver un nudismo de la mujer, bien realizado, que no llega a ser un nudismo obsceno, sino artístico.

Las mujeres todas pintadas de espalda con colores primarios, jugando con diferentes tonos beige, sin texturas ni tercera dimensión. Pero si observamos a las mujeres que van caminando a algún punto en la vida, o las llevan al infinito y por lo tanto caminan, caminan, en la pintura no se puede encontrar cual es su destino, que lo deja a la imaginación del espectador.Esta armonía se descompone con un cuadro de tamaño más grande no figurativo con colores fuertes y no primarios, que tiene algo escrito. Es un poema escrito por quien fuese su esposa y que influyó mucho en sus pinturas: Tora Victoria.En esta exposición nos encontramos toda una serie de relaciones, ya que Omer y Gross eran amigos y han trabajado en muchas ocasiones juntos.

La presentación a esta exposición son palabras que en una ocasión Omer escribe sobre las pinturas de Gross. Con una frase que copiamos nos explica la obra de Gross y la esencia que tiene que tener una pintura.“El movimiento es a veces el alma de la pintura”.En esta muestra presentada nos encontramos con esa realidad.En la exposición a tratar vemos ese movimiento presentado en forma muy diferente.Como es sabido y lo hemos mencionado en otras ocasiones, el Museo Tel Aviv concede anualmente premios de arte y de fotografía. En el año 2011, el Premio Haim Shift de arte figurativo se concede al pintor Erán Reshef, cuya exposición se abrió al público el 26 de junio pasado.En la exposición presentada podemos ver una serie de pinturas que tienen un diálogo de nostalgia con el pasado que está desapareciendo en el centro de Tel Aviv; es un movimiento dentro de un realismo al que en ocasiones cerramos los ojos, ya que podemos admirar cosas que usamos en el pasado y que están pasando a la historia. Todos sus cuadros representan distintas partes de la vida, lo que tenía una casa, hace 60 o 70 años, cómo se vivía dentro de la casa. Vemos el departamento y sus muebles de antaño, todo presentado con una verdad artística que envuelve tanto el pasado como el presente, que nos permite encontrarnos con una verdad que está desapareciendo.

En la invitación para la inauguración de la exposición se presenta un cuadro llamando las puertas.Nos encontramos con un movimiento en el cuadro que va de afuera para dentro, ya que con la forma de poner el color y la inclinación que le da al piso si nos paramos a siete u ocho pasos de distancia del cuadro y caminamos, parece que nos dirigimos a esa puerta y por ella podemos pasar a la cocina.Esta misma impresión la tenemos en otros cuadros, en los que también la forma de los mosaicos nos guían a lugares de la casa, para encontrarnos en un cuarto de baño con una tina tan sucia que no nos meteríamos jamás en ella, pero su agua es tan limpia y transparente, que nos permite ver el fondo de la misma.

Otro de los cuadros nos regresa a una época pasada en una cocina con un refrigerador viejo y descompuesto, de aquellos que se le tenía que poner hielo todos los días para mantener la comida fresca. A mí me trae recuerdos de mi niñez en México, ya que mi mamá tenía uno en nuestra casa y cada día alguien le traía hielo para que los alimentos se conservasen frescos. En este cuadro, sobre esa caja blanca sucia nos encontramos una cajita del KKL que también nos lleva a una nostalgia de la juventud, a los que nos educaron poner unos centavos en esa cajita para la compra de tierras en Israel.

Para darnos una ligera idea de la zona en la que se encuentran esos cuadros, vemos uno con un ventanal muy grande que al fondo, a lo lejos, nos permite vislumbrar la torre del “Kolbo” Shalom de la calle Herzl que es el símbolo del viejo Tel Aviv.El Museo Tel Aviv siempre nos trae exposiciones interesantes, pero ahora estamos esperando la inauguración de la ampliación del mismo, gran parte de la cual va a ser dedicada a la arquitectura.


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