La Inmigración Judía Europea en 1939 - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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La Inmigración Judía Europea en 1939

Colección y Consulta

Por: Sergio Berlioz

La diáspora de la diáspora
La fuga de "cerebros" judíos de Europa en el decenio de 1930, cuando los avances del nazismo eran ya inminentes, dio a los Aliados no sólo una oportunidad de verse colmados de bendiciones por los que emigraban, sino (y esto es lo más importante) como una poderosa masa de personajes en todos los terrenos, particularmente en lo que respecta a las ciencias, destacándose las ramas de éstas en relación con lo estratégicamente bélico. Hitler (1889-1945) con su política anti-semita, proporcionó a sus enemigos, las personas indicadas para emprender el contraataque a su delirante sueño germánico, en detrimento de otras razas que tienen el mismo derecho a la vida. Este hecho me recuerda indudablemente al desangramiento que tuvo a bien el pueblo español en 1492, es decir, cuando el último bastión de España era liberado de las manos árabes y posteriormente desterrados o convertidos al cristianismo los judíos españoles o también llamados Sefardíes, llevando a una espectacular decadencia económica en la recién unificada España, la cual se vedó de las muchas ventajas que tenían los judíos en sus tierras, corriendo misma suerte los moros pocos años después, privando la disciplinada mano de obra que huelga decir, era tanto necesaria como las finanzas de los otros... En cierto modo la historia se repite.

En el siglo XX los pocos judíos que pudieron prever los futuros acontecimientos y que tenían las posibilidades económicas para realizar un viaje a un país con pocas probabilidades de invasión de la gente del Führer (como lo fue Estados Unidos de Norteamérica), lograron escapar del Holocausto; otros, como la familia de Otto Frank (padre de la bien conocida Ana Frank, quienes emigraron a Holanda en 1933), creyendo estar seguros y que estarían a salvo en Estados europeos vecinos de Alemania. La invasión a éstos atrapó a los ingenuos: 106,000 judíos holandeses (y entiéndase también judíos emigrados). 83,000 en Francia, 65,000 en Austria. 60,000 en Yugoslavia, 200,000 en Hungría, 217,000 en Checoslovaquia, 1'000,000 en la URSS, 3'000,000 en Polonia, etc. En total más de 6'000,000 de judíos exterminados por los nazis. De los semitas que lograron sobrevivir saliendo a tiempo y cuyo nombre trasciende a su tiempo, cabe destacar los nombres de dos científicos: Sigmund Freud (1856-1939) y Albert Einstein (1879-1955); el primero además de sus aportes a la psicología, resalta los valores judíos que son de peso decisivo en su formación y creación, destacándose la independencia de criterio; y el segundo, Einstein, el cual señalaba que se hallaba orgulloso de su condición judía, porque de ella había derivado los valores orientadores de su existencia. Definía esos valores judíos como "un afán casi fanático por la justicia, la búsqueda de la verdad y la independencia personal". "Le impresionaba >>>

<<< profundamente -nos comenta Bernardo Kliksberg en su ensayo Tiene vigencia la cultura judía a fines del siglo XX- el espectáculo de que el judaísmo predicaba la práctica de esos valores en la cotidianidad. Lo judío no era una pura abstracción,debía encararse en la vida diaria, en la mesa familiar". Esta actitud es quizá un elemento que ayudó a un elevado número de individuos de origen común a una tarea reflexiva, encaminada a la revalorización de la acción humana. Este hecho no es exclusivo de nuestro siglo; ya en los albores del XII, Rabi Moses Ben Maimón (1135-1204) mejor conocido como Maimónides, escribe la Guía para los perplejos (todavía hoy en día libro de consulta para los amigos del conocimiento); sin dejar a un lado a otro judío que aportó serios cuestionamientos a la sociedad: Karl Heinrich Marx (1818-1883).
De los sobrevivientes al homicidio en masa iniciado en el 39, gracias a su "diáspora tenemos al sociólogo alemán Theodor W. Adorno (1903-1969), uno de los regalos de Hitler al mundo de los vivos, al igual que el filósofo y crítico literato de también origen alemán Walter Benjamín (1892-1940), el físico danés y director del Instituto Físico de Copenhague Niels Bohr (1885-1962), Premio Nobel de Física 1922; Herbert Marcuse (1898-1979) filósofo alemán, naturalizado como ciudadano estadounidense, autor de "El hombre unidimensional" (1964).
De los doctos judíos europeos que lograron salir de las garras del líder nazi que fueron después galardonados por el Premio Nobel, cabe destacar (además del ya citado Niels Bohr (1922) y Albert Einstein (1921) en física), están el francés Rene Cassin (1968) con el Nobel de la Paz, el ruso Boris Pasternak (1958) en literatura. En física tenemos al alemán Max Born (1954) y al italiano Emilio Segre (1959). En química al húngaro naturalizado danés George de Hevesy (1943) ¡en plena guerra! Y tenemos en medicina y psicología al austríaco Otto Loewi (1936), al inglés Sir Boris Chain (1945), al sueco Tadeus Reichstein (1950), al francés Francois Jacob (1965) y al también de origen franco-judío André Lwoff (1965).
Como dato curioso y dentro de las seguras rabietas que pasó el Führer en la Olimpiada de Berlín en 1936. Los judíos ganadores de medalla de oro fueron Samuel Balter (USA) en basquetbol; y los húngaros Ibolya Csak en atletismo, Gyorgy Brody en water-polo, Karoly Karpati, Endre Kabos e Ilona Elek en diversas disciplinas. De plata tenemos a la polaca Jadwiga Weiss-Wajsowna en atletismo y la canadiense Irving Maretzky en basquetbol. Y para concluir en bronce, al belga Gerard Blitz en water-polo.
Pero es quizá el dato más dramático de esta lista de "deportados" judíos por el régimen nazi, los creadores de la bomba atómica; encabezando la lista el indirectamente generador de la idea Albert Einstein, quien previendo el posible descubrimiento por parte de los científicos alemanes y su seguro uso, previno al presidente Roosevelt de ello dando, además, las instrucciones para las bases de su construcción en manos de nada menos que científicos alemanes judíos en su mayoría. Macabra ironía del destino, inculpada en muchas ocasiones al propio Einstein, el cual renegó siempre de su paternidad en su aplicación como arma mortal, y sobre todo en su cobarde e inhumano destino en Hiroshima y Nagasaki... crueldad equivalente a la aplicada por los nazis (claro que con menor número de víctimas) sobre un punto civil, no estratégico e indefenso. Claro, la historia la escriben los vencedores, tomando a esta cobardía como un acto positivo para poner fin a la guerra del Pacífico...
Como una última reflexión, creo que los verdaderos autores y criminales de esta Segunda Guerra Mundial fueron Francia e Inglaterra, ya que desde el Tratado de Versalles (1918) se veía en la posición en la que había quedado la altiva Alemania. Más que un tratado de paz duradera, era una provocación a un muy cercano levantamiento mucho peor que el ocasionado en la primera contienda mundial; además de tener la oportunidad de detener el crecimiento de este monstruo en su mismo nacimiento (Mein Kamp -Mi Lucha- es dado a conocer en forma pública en 1925).
Afortunadamente para la historia de la raza humana, muchos hijos de Israel lograron escapar de esta penosa verruga enquistada en nuestra memoria. Nos preguntamos seriamente, ¿algún día el ser humano aprenderá el concepto de respeto a sus semejantes? ¿Vale tantos talentos y genios creadores para que todos estos logros del esfuerzo y del intelecto se estrellen en un mundo de sordos?




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