Mal de ojo - Intelecto Hebreo

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06/09/2017
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Mal de ojo

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Mal de ojo


Por: Magdala (Enero 2012)

Recibí un hermoso regalo de una hermosa dama. Una pulsera traída de Turquía, doradita, con piedras azules y ojitos, presente que sigo agradeciendo, pues me la dio con el ánimo de que tuviera buena suerte.

Pero... ¿Por qué ojos para la buena suerte? Pues verán. Al expresar "si las miradas mataran", revivimos la creencia -en otro tiempo universal- de que el ojo humano tiene poder para dañar a la gente o vengarse de un enemigo. Es posible que el temor al mal de ojo surgiera del terror del hombre primitivo a ser observado por animales salvajes, tribus hostiles, espíritus malignos o dioses recelo del éxito humano.

Antes de que la ciencia se desarrollara, la enfermedad y la muerte se atribuían -con frecuen a las miradas malignas. Se creía que los niños pequeños y los animales eran particularmente vulnerables debido a su débil energía mental. También se hacía responsable al mal de ojo de la frigidez femenina y la impotencia masculina, así como de la pérdida de las cosechas.

Eran sospechosos de causar este mal hombres y mujeres con algún defecto físico y por consiguiente envidiar a sus vecinos. Por ello, jorobados y enanos inspiraban desconfianza, pero también los bizcos, los ojizainos y los cejijuntos.


En África, la tribu congoleña de Lugbara, cree que el hombre con mal de ojo puede reconocerse por su estrabismo y su mal carácter, por lo que se le ha de tratar con mesura y ofrecerle cerveza y tabaco.

Durante los siglos XVI y XVII, cuando se decía que las brujas destruían a sus víctimas con el poder de su mirada, cientos de mujeres subieron al cadalso por el solo hecho de que muchos "indefensos", murieron después de recibir la mirada airada de una fémina. Los jueces tenían tanto horror a ser embrujados cuando dictaban sentencia que muchas veces obligaban al acusado a entrar de espaldas a la sala del tribunal.


En Turquía y en el Cercano Oriente se escribían frases del Corán en las paredes exteriores de las casas, con el fin de poner una barrera sagrada contra la influencia perniciosa del ojo. El símbolo del ojo, incluso hoy, se ve pintado en la proa de los barcos de pesca en algunos puertos del Mediterráneo.

Los beduinos rwalas del norte de Arabia llevan dos canicas a todas partes. Una, que es negra, les ampara durante la noche; otra blanca, durante el día.

En el siglo XVIII se creía en Europa que el color rojo, símbolo de la sangre y de la salud, preservaba a cuantos se vistieran con él; de tal suerte que en Italia las novias se cubrían la cabeza con grandes velos rojos.

En la actualidad persisten temores parecidos ya que en las Naciones Unidas hay delegados que apartan el rostro cuando su vista tropieza con algún elemento decorativo que recuerde ojos. La angustia de los supersticiosos ha propalado la creencia de que los pavos reales, que antes habitaban el césped de los jardines de la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, fueron retirados para evitar el mal de ojo; sin embargo la realidad es más prosaica pues los pavos reales eran importados y no se adaptaron al clima neoyorquino. Murieron y nunca fueron sustituidos.

Los códigos castigan los hechos y las palabras, pero no las miradas aunque éstas sean asesinas. Pero si por las palabras podemos caer, con las miradas nos procuramos el recelo o bien la adhesión de los demás. Ello es tan cierto en el campo de la política, como en el de las relaciones públicas o en las lides del amor.

El animoso y el optimista miran bien, pues al fin y a la postre "todo es según el color del cristal con que se mira".




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