Matrimonios Mixtos y Asimilación - Intelecto Hebreo

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06/09/2017
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Matrimonios Mixtos y Asimilación

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Matrimonios Mixtos y Asimilación


Por: José Galicot (Tijuana, B.C.)

Las estadísticas aterran: el 54% de los matrimonios son mixtos en Estados Unidos (y lo que ocurre en Estados Unidos eventualmente  luego ocurre aquí)... nos asimilamos, porque no tenemos la capacidad (y a lo mejor ni queremos) de integrar a estos matrimonios al "main streem" de la comunidad, quizás debiéramos crear comisiones de "hermanas y hermanos mayores" (Vaad Hitrajabut)  que se dediquen a introducir a las "nuevas judías o judíos", no sólo en la religión (que a esas alturas deberán haber adquirido vastos conocimientos con la ayuda de un Rabí), sino en la manera cotidiana de vivir judío, nuestras costumbres,  nuestras comidas, nuestra manera peculiar de resolver problemas, de gozar las alegrías y sufrir las tristezas:

Ser judío no es sólo saber la Torah es vivir la Torah, hay que enseñar cosas, tradiciones (recordemos Anatekva y el Violinista en el Tejado) y actitudes que se maman, que a nosotros nos parecen normales.

¿No hubo que enseñar a los judíos de Etiopía las mil facetas de la vida moderna en Israel? Se les enseñó a hablar hebreo, a vivir en un mundo diferente y a integrarse a la sociedad moderna, convirtiéndolos en excelentes ciudadanos  y excelentes judíos, ¡claro que costó trabajo!, pero valió la pena.

Los judíos en tiempos remotos "igualitito" que las otras religiones dedicábamos buena parte de nuestros esfuerzos en convertir a aquellos que no conocían o no creían en el monoteísmo que pregonara Abraham. Tenemos también en la Biblia  la hermosa leyenda de Ruth, en que una mujer no judía se casa con un judío y al morirse éste, cuida con enorme amor a su suegra. Asimismo no todos los esclavos que liberó de Egipto Moisés eran judíos.

Hay la leyenda de que todo un reino en Rusia sudoriental (Los Jázaros), se convirtió al judaísmo (a lo mejor por eso hay tantos güeritos entre nuestros correligionarios), además existe también la creencia de que dejamos de hacer esfuerzos  de conversión en el momento de que la religión Católica se volvió oficial en Roma con el advenimiento de Constantino.

No es mi intención, amigo lector, hacer un profundo estudio histórico, y menos entrar en polémicas vanas acerca de nuestro deseo o nuestra vocación al evitar las conversiones, pues ni quiero, ni estoy proponiendo que súbitamente cambiemos  de forma de ser y salgamos a la calle a iniciar una cruzada judía de conversiones (sería irónico ¿no?).

Lo que propongo es que aquellos matrimonios mixtos que ocurren con frecuencia y que eventualmente hacen que uno u otro de los cónyuges se convierta el judaísmo por medio del estudio y conocimientos que recibe de las enseñanzas de un Rabino, también  debe recibir el apoyo de la comunidad que debería hacer esfuerzos de integración a fondo para ese matrimonio y para que sus hijos conocieran y vivieran el modo del ser judío, de otra manera vamos perdiendo a las generaciones futuras.

Entiendo y me angustio al pensar que una idea como ésta puede dar la impresión a los jóvenes judíos de que de pronto se vale, se permite, se prohija y quizás se alientan estos matrimonios, desde luego que no, de lo que se trata es de paliar  de alguna manera, el tremendo trauma (a veces la violencia) que estos matrimonios causan (y que a estos matrimonios les causan).

¿Qué hacer para evitar la asimilación? Debemos hacer más y mejor de lo mismo:

Más y mejor educación en el hogar dedicando tiempo y amor a nuestros hijos, mostrando con hechos y explicaciones (con actitudes y palabras) la enorme riqueza cultural y moral que tiene nuestro pueblo. Los padres nos podemos educar más  y mejor también para educar mejor.

Más y mejor educación en nuestras escuelas (nunca es suficiente) pero como un buen 30% de los niños de nuestra comunidad no va a escuelas judías (competimos con la Ibero, el Americano, etc.), debemos dar cursos aparte.

Más y mejor trabajo social, cultural y deportivo comunitario.

Más encuentros juveniles, más Festivales Aviv, más encuentros de teatro, más competencias literarias, más apoyo a los movimientos juveniles que han sido bastión del Yishuv y generador de líderes, más difusión y apoyo a periódicos  comunitarios.

Más viajes a Israel, con más variedad de programas (Mahon, Kibutz, Universidades, Ulpanim, Macabiada, etc.), que inviten a jóvenes de la Diáspora con diferentes vocaciones o intereses en diversas actividades a encontrar su contraparte.

Más acercamiento a (y de) los templos y sinagogas con programas que integren a los jóvenes en los tesoros éticos y morales de nuestra religión.

En fin, una batalla frontal aprovechando nuestros valores, nuestra herencia histórica, nuestra capacidad de entender y organizar, para que nuestro pueblo prosiga su largo viaje en la Historia, fecundando con genio y talento a la Humanidad.




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