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06/09/2017
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Primero digo la verdad...

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Primero digo la verdad y después busco justicia: Wiesenthal

Por: Nedda G. de Anhalt



Durante la conferencia sobre La Solidaridad Judía con el Estado y Pueblo de Israel, la expectación reina durante la noche de apertura, las banderas ondean en el proscenio contándose 39 siendo la de México la tercera. En esos importantes momentos Nedda G. de Anhalt la experimentada periodista a quien le damos la bienvenida, tuvo oportunidad de platicar con un hombre de 80 años, alto, erguido y vital de nombre Simón Wiesenthal.

En Buczacz, una región de 9 mil habitantes en Galicia, el destino de Simón Wiesenthal quedaría signado cuando nació media hora antes de que finalice el 31 de diciembre de 1908. Su abuelo materno quiso que su nieto fuese el primer nacido que figuraba en 1909 y consideró que esa media hora no tenía la menor importancia. Esta complacencia del abuelo le acarreó a Wiesenthal muchas dificultades. Las autoridades polacas le exigieron pruebas y dos testimonios para justificar la veracidad de la fecha. Wiesenthal tuvo que buscar, y consiguió tras arduas pesquisas dos testigos (una comadrona y un vecino que tomó vodka a su salud en el advenimiento del año nuevo) para probar con exactitud su día de nacimiento, aun cuando ese ocurrió casi veinte años atrás.
Wiesenthal es arquitecto. De chico jugaba con terrones de azúcar para construir casas y castillos. Este contacto con la dulzura le duró poco; a los 6 años en 1915 su padre -oficial de la reserva del ejército austríaco- muere en la Primera Guerra Mundial, y después vendrían prisiones, torturas y todo tipo de vicisitudes. Cuando Wiesenthal fue liberado de Mauthausen, el 5 de mayo de 1945, tenía el aspecto de un esqueleto rumbero: pesaba 43 kilos.
- En la Conferencia que usted ofreció en México lo recuerdo hablando de unos jóvenes que no creían en Ana Frank.
- Esa es una vieja canción de los neonazis, y te voy a explicar por qué. El diario de Ana Frank tuvo gran impacto en el mundo entero. Ha sido traducido a 32 idiomas.
Por eso comenzaron a difamarlo; que el diario era falso, que Ana Frank nunca existió. Este fue para mí uno de los casos más difíciles; encontrar al hombre que arrestó a Ana Frank. Pero una vez que di con el Inspektor Karl Silberbauer, que admitió haber llevado a cabo el arresto de Ana Frank y las otras personas que se habían escondido en la buhardilla en esa casa de Amsterdam, no hubo problemas. Tuvimos 20 años de silencio porque ningún periódico neonazi volvió a mencionar a Ana Frank. Digamos que ahí ganamos la batalla. Ahora comienza una generación que ignora esto y empiezan de nuevo a decir que Ana Frank no existe.
En los tiempos previos, cuando el padre de Ana Frank vivía, él puso demanda, una tras otra, a cada una de las publicaciones que insistían en negar los hechos. Ganó en todos los casos.
Hoy en día esta es la situación y si debiéramos luchar contra cada palabra que los neonazis pronuncian ya estaríamos ocupados sólo con eso y nada más: que si los campos de exterminio son una invención, que si las cámaras de gases no existieron, que los 6 millones no fueron tales.

-Pero si ahí están las estadísticas personales de Himmler, los archivos de la burocracia nazi, los filmes, -el que recabó Hitchcock- los testimonios de los sobrevivientes, ¿cómo se puede negar algo así?
Tú puedes negar todo y habrá gente que te va a creer. Y eso es exactamente lo que están haciendo, distribuyen esa propaganda en los colegios y como los jóvenes no supieron nada, del holocausto absolutamente nada, pues reciben la información de que no existió y se la creen. Esa es la cuestión.


-¿Usted opina que en casos de esta índole debería prohibirse el establecimiento de estas asociaciones?
- No. Yo estoy en contra de la prohibición para que se establezca cualquier tipo de sociedad. ¿Por qué? Porque uno siempre debe conocer al enemigo. Lo que sí quisiera es prohibir sus publicaciones. Sin ellas no subsistirían. La situación en Alemania ahora está algo mejor desde que han impuesto la ley sobre las mentiras de Auschwitz. Por ejemplo, si tú afirmas que Dachau, Treblinka, Bergen-Belsen no existieron, que el Kristallnacht fue una exageración, que la conferencia de Wannsee no tuvo lugar, que los judíos no murieron, etcétera, te dan tres meses de prisión. Si insistes en la mentira la segunda vez obtienes seis meses de cárcel, la tercera un año y así sucesivamente.
Debo decirte que desde que en Alemania salió esta ley el número de extremistas neonazis ha declinado. Lo cual no quita que existan otros grupos de ultraderecha en contra de los turcos y los yugoslavos por motivos de desempleo. Ese es otro dilema. En Austria hay un clamor para que se instaure la misma ley sobre las mentiras de Auschwitz, pero en Austria no sucede nada. He enviado memorandums a las diferentes personalidades del gobierno, he sostenido pláticas con ellos, pero no tengo éxito a pesar de que digo la verdad. ¿Por qué? Porque esta es la época en que salió a la luz el asunto de Waldheim. Nosotros ofrecimos evidencias irrefutables. Eso salió en las primeras páginas de los diarios, y toda esa publicidad a ellos les molestó. Al final perdimos porque no se le pudo probar que el hombre es un criminal.
-¿Usted opina que debido a esa duda hay personas que piensan que él no es culpable?
-Mira, durante 43 años he estado trabajando en una área en la que primero digo la verdad y después busco la justicia. Yo jamás acuso a alguien y después corro a buscar pruebas. En este caso en particular se ha perdido la credibilidad de la verdad.
-¿Qué relación puede tener esto con respecto a los árabes?
-Mucha. Esa fue la razón por la que el Sr. Arafat, después de los pronunciamientos en Ginebra, fue inmediatamente invitado a Austria. Fue un clarísimo acto de venganza por la situación que se suscitó por las acusaciones contra Waldheim. Tienes que tomar en cuenta que el ataque no va exclusivamente en contra de Waldheim. Estas acusaciones implican un ataque al pueblo austríaco. En la prensa, en la televisión, ellos se arrogaron el derecho de anunciarlo así. Les advirtieron al pueblo austríaco que quienes viajaran con su pasaporte iban a tener problemas. Les dijeron: "Ustedes no hicieron nada; crecieron después de la guerra. Esos son los judíos". Lo cual no era el caso, pero ahí tienes que una serie de jóvenes austríacos vinieron a verme, increpándome de que si sus padres fueron nazis ellos nacieron después de la guerra, no hicieron nada. ¿Por qué los judíos los estamos amenazando? Sabes, son antisemitas; es una vieja enfermedad.
-Un profesor, cuyo nombre no recuerdo, publicó que los documentos que se presentaron como acusación en contra de Waldheim son falsos:
-Es que, en efecto, hubo muchas falsificaciones de documentos. Seguro. Algunos se forjaron en Yugoslavia pero tengo ya mucha experiencia en estos casos. Cuando tomo un documento sé ver, sé distinguir. Pero hay personas que ven un retrato de un uniformado, no conocen la diferencia, y creen que es un SS.
-¿Usted ha visto Hotel Terminus: The life and times of Klaus Barbie y Falkenau, The impossible?
-Todavía no.
-Me interesaba saber qué opina acerca de la credibilidad de los documentos, pues ahí se antepone la perdurabilidad del documental versus la ficción.
-Opino que hasta en la ficción los antecedentes tienen que ser verdaderos: no inventados. Sea que haya nombres de víctimas o de criminales. En un principio yo estaba exclusivamente abocado a la verdad del documento, pero después me di cuenta que los libros de esa índole sólo le interesa a un número reducido de lectores, y como debemos llevar el máximo del conocimiento a la mayoría de las personas me parece que está bien. Pero insisto: la base, la raíz o el fundamento deben ser verdaderos.
-Me interesó el capítulo sobre las actividades en el Castillo de Hartheim y, en fin, todo el libro de Los asesinos entre nosotros.
-Se publicó en 1977. Ha sido traducido a muchos idiomas.
-¿Piensa escribir otro?

En este año sale la publicación simultánea en 15 idiomas de mi nuevo libro. Precisamente en México está por salir.
Su título: Justicia, no venganza.



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