Recuerdos...y bailé sobre las ruinas de la casa de Hitler - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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Recuerdos...y bailé sobre las ruinas de la casa de Hitler

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Por: Albert D’jemal

...y bailé sobre las ruinas de la casa de Hitler

Para las nuevas generaciones y las generaciones no tan nuevas, nacidas y radicadas en esta América tan segura y lejana del infierno nazi, hablar de Hitler, de la Gestapo, de los campos de concentración y los seis millones de judíos víctimas de la barbarie, es como hablar de la guerra de Vietnam, de la llegada del hombre a la luna o quizás como recordar, una vez al año, la conquista de Jerusalem y la destrucción del Templo 19 siglos atrás.

Curiosidad histórica nada más.
Pero para el judío europeo que vivió y se salvó de este infierno, y para el judío del medio oriente radicado en la "zona amenazada" y limítrofe al campo de batalla, recordar a Hitler y al nazismo es como recordar al pelotón de fusilamiento apuntando a uno y a punto de disparar, y salvarse en el último segundo de una muerte segura.
Y mientras los judíos europeos morían por millones en las cámaras de gas y los hornos crematorios, los judíos del medio oriente que éramos los que seguían en la lista del "arreglo final", vivían en el terror, siguiendo minuto a minuto los acontecimientos de la guerra, temblando ante las conquistas diarias del tercer Reich y los avances incontenibles de los ejércitos nazis. Respirando de gozo y de esperanza ante el menor éxito aliado; llorando la caída de París, temblando ante los salvajes bombardeos de Londres y estremeciéndose al ver las fuerzas de Rommel a las puertas de Egipto y las de Von Paulos a las puertas de Stalingrado tratando de cercar, como pinzas gigantes a Rusia, Asia y África.
A punto estuvimos de caer en las garras del verdugo.
Pero ocurrió el milagro y a las derrotas del ejército nazi en el Alamein y Stalingrado siguió la invasión de Europa que puso fin a la guerra con el derrumbe total de las fuerzas del eje.


Corría el año de 1947...
Viviendo en París y trabajando para una importante revista francesa, decidí hacer un reportaje sobre Alemania derrotada.
La guerra había pasado dejando sus huellas de ruina, hambre y miseria. Toda Alemania estaba en ruinas y sus otroras orgullosas ciudades eran montones de escombros. La población, en su mayoría, estaba compuesta únicamente por mujeres o ancianos ya que los jóvenes habían caído muertos en los campos de batalla o prisioneros de las fuerzas aliadas.
El marco alemán no valía nada. El dólar y la libra esterlina eran moneda corriente. Pero mejor aún eran los cigarros americanos con los cuales se podía comprar todo: comida, ropa, aparatos eléctricos y hasta muchachas de dieciséis años que se ofrecían a los soldados aliados por una comida... o media cajetilla de cigarros.
Y siguiendo el camino por los "Reich Autobahn", famosas supercarreteras orgullo del Führer, atravesé Darmstad, Mannheim, Frankfurt que no eran más que montones de escombros y hasta Ulm, el pueblo donde nació Einstein en 1879 no logró salvarse de este trágico destino.
Y llegué a Munich, corazón de Bavaria, fortaleza de Hitler y cuna del nazismo.
Fue en una cantina de Munich, llamada la "Burger Brau Keller" donde Hitler, un día de 1919, fundó con seis de sus amigos, el Partido Nacional Sociamás conocido como el Partido Nazi. Y fue también en una cárcel de Munich donde Hitler escribió, en comñía de Rudolf Hess, su famoso libro Mein Kampf "Mi Lucha", que fue duaños la Biblia del nazismo y donHitler detalló sus planes de expanón y conquista y su programa criminal para acabar con el pueblo judío y la raza negra. Desgraciadamente, de todos los hombres de estado de la época el único que captó el peligro y dio la voz de alarma fue Winston Churchill… que nadie le hizo caso en aquel entonces. Y Munich fue la sede de la famosa conferencia del 29 al 30 de Septiembre de 1938 entre Hitler, Mussolini, Chamberlain y Daladier y donde tuvo lugar la vergoncapitulación de la democracia frente a las fuerzas del mal.
Pero la guerra también pasó por Munich para dejar su infernal tarjeta de visitas. Los escombros estaban en todas partes. Y de Brienner Strasse, la más famosa de sus avenidas no quedó más que algunas paredes ennegrecidas por los terribles incendios.
Si en algún momento pude sentir un poco de lástima por este pueblo en desgracia y su maravilloso país en ruinas, me bastaron unos minutos en Dachau para perder para siempre este noble sentimiento.
Dachau, pueblo risueño a pocos kilómetros de Munich, dio su nombre al primer campo de concentración y e muerte que el régimen nazi construyó en Alemania en 1933.
El ambiente olía todavía a muerte y la muerte se sentía en todas partes. En las cámaras de gas, en los hornos crematorios, en las fosas donde se encontraron millares de cadáveres y en el laboratorio del doctor Racher que experimentó con los prisioneros la resistencia del hombre al frío, congelándolos vivos dentro de piscinas de agua helada.
Sólo en Dachau murieron más de 250 mil seres humanos de todas las nacionalidades, religiones o razas. Y al entrar el ejército norteamericano a Dachau el 29 de Abril de 1945 encontró 50 vagones de ferrollenos de cadáveres listos para incinerar o enteSin embargo al liberar a Dachau, el ejército ameriliberó a 33 mil hombres que estaban destinados a las cámaras de gas. Y el comandante del 7 Ejército que liberó el campo declaró más tarde "que la lengua inglesa no tiene las palabras suficientes para describir, aunque de manera aproximada, los horrores de Dachau".
Y dejando el infierno seguí adelante hasta llegar a un pequeño paraíso llamado Berchtesgaden frente al cual, en una colina de Obersalzberg rodeada por los hermosos picos de los Alpes Bávaros, construyó Hitler su residencia particular.
La casa fue bombardeada duramente por la aviación aliada pero seguía todavía en pie. Recorrí una por una las salas y recámaras donde Hitler, según sus propias palabras, "había pasado los mejores momentos de su vida" en compañía de su amante Eva Braun. Y al contemplar, desde las mismas ventanas del Führer este panorama incomparable de belleza, de paz y de quietud, me pregunté ¿cómo puede ser que un hombre que se siente feliz en un ambiente similar, pudiera tener el alma, el corazón y los sentimientos de un monstruo?
Al regresar a Alemania pocos años después, encontré la Burger Brau Keller, la famosa cantina de Munich donde Hitler fundó el Partido Nazi transformada en Club para los oficiales aliados. Que la residencia de Hitler sobre la colina de Obersalzberg frente al pueblo de Berchtesgaden había sido arrasada sin dejar rastro alguno y que el siniestro campo de concentración de Dachau se transformó en museo en cuya puerta un letrero en tres idiomas recibía a los millones de visitantes con esta solemne promesa:

Never Again - Nie Wieder - Jamais Plus que en español quiere decir: NUNCA JAMAS.
Ojalá que sea cierto… Y ojalá que las potencias, ahora 40 años después del Holocausto van a permitir la reunificación de las dos Alemanias, lo pensaran dos veces antes de despertar al monstruo que ¡sólo Dios sabe a dónde llevará al mundo y a la humanidad en muy poco tiempo!




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