Sefaraditas Vs. Inquisición P I - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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Sefaraditas Vs. Inquisición P I

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Por: Jacobo Contente
(07/2011)
A fines del S. XVIII y principios del XIX, surgen los nombres de dos bucaneros franceses Pierre y Jean Lafitte, cuya fama inspiraron a Cecil B. DeMille en el film “The Buccaneer”; el célebre poeta Lord Byron, los homenajea en sus versos; y más recientemente la escritora chilena Isabel Allende, en sus libros “El Zorro” y “La isla bajo el mar” incluye a uno de ellos (Jean) como personaje clave para sus tramas. La versión más extendida de sus orígenes, es la de haber nacido en Bayona, Francia, de padre francés y madre sefardí cuya familia llegó a Francia huyendo de la Inquisición.

Los Lafitte establecieron su ideal Reino de Barataría en las ciénagas cercanas a Nueva Orleans después de la compra de Luisiana por parte de los Estados Unidos a hermano Pierre el comercio del contrabando y la bucanería con los productos obtenidos de sus actividades como corsario en las costas del golfo de México. Allí, en la bahía de Barataria, a una corta distancia de la costa del Golfo, en el interior de la Gran Isla, construyeron los hermanos su base de operaciones desde donde los barcos mercantes hacían sus entradas y salidas del río Misisipí y desde esta base, en los pantanos de Luisiana, atacaban a los barcos ingleses que surcaban el golfo de México.
Esta actividad de bucaneros, mentalmente la asociamos con la de corsarios y piratas; pero existen algunas diferencias, por ejemplo: los segundos amparados por una “Patente de Corso”, o permiso expedido por un determinado gobierno, se les permitía exclusivamente atacar y hacerse de mercaderías o valores transportados por barcos con banderas de países considerados como enemigos; botín que los corsarios tenían que compartir con el país que había dado la patente. En cambio las actividades de piratería, no tenían limitantes y los productos de la misma, eran propiedad exclusiva de sus capitanes y tripulaciones.
Cuando se leen algunos de los muchos libros que describen estas actividades, salta a la vista, que entre los judíos que fueron oprimidos por la inquisición (en su gran mayoría sefaraditas) aparecen muchos nombres que destacaron individualmente o relacionados a otros de notoria importancia. Sin embargo, rastreando en la historia judía y algunos relatos del primer siglo de nuestra era, como los de Flavio Josefo, se dice que desde el tiempo de los Asmoneos, cuando los dominios del reino abarcaron puertos como (Jope) ahora Yafo y Cesarea, existieron un pequeño grupo de  marinos dedicados a estas actividades al servicio de la realeza. Josefo relata también, que: “…marineros judíos tenidos entre los suyos por grandes héroes, quienes partiendo del puerto de Jope (Yafo) atacaban a barcos romanos en pequeñas embarcaciones. Flavio Josefo escribe en su Antigüedades judías que en el año 63 a.e.c., dos líderes judíos, Hircano y Aristóbulo, llegaron a Damasco, donde cada uno de ellos defendió ante Pompeyo sus razones para ser nombrado rey de los judíos, con preferencia de uno sobre el otro. Durante este debate, Hircano acusó a Aristóbulo de organizar actividades relacionadas con la piratería en el mar”.


En el siglo VI de la era común, cuando el mundo judío ya se desarrolla principalmente fuera de Palestina, es decir, en la diáspora, tenemos testimonios de sacerdotes cristianos que hablan de piratas judíos en la costa del norte del norte del continente africano. Un documento clerical del siglo VI que informa acerca de la toma de Cairuán, en Túnez, gran centro de la cultura sefardí en el norte de África, hace referencia a piratas judíos que no navegaban en Shabat (sábado), por ser un día sagrado para ellos. Este curioso documento también relata cómo fue capturado el obispo Sinesio por tales piratas, en represalia a encarcelamientos que aquel ordenaba contra los hebreos. Durante el siglo XII el propio Maimónides, en una carta escrita a su hermano, le advierte a éste que hay embarcaciones piratas de propiedad compartida por judíos y musulmanes.
Pero realmente su proliferación, fue como consecuencia de la expulsión de los judíos en España en 1492 y posteriormente de Portugal en 1496, estos se dispersaron por varios países. Algunos se establecieron en los reinos moros de Marruecos e incluso en Siria; otros en el sur de Francia o se dirigieron a Holanda y las ciudades hanseáticas del norte de Alemania, como Bremen o Hamburgo. Hubo quienes se establecieron en países como Dinamarca, Suiza o Italia. Sin embargo, la gran mayoría de los sefardíes fueron recibidos con gran beneplácito por el sultán Bayaceto II en el Imperio Otomano. Otros judíos que permanecieron en España y Portugal bajo una supuesta apariencia cristiana, posteriormente se trasladaron a algunas islas del Caribe, como Jamaica, o a colonias españolas y portuguesas en América, tales como Perú, México y Brasil entre otras.
En el Imperio Otomano existe el caso de Sinan Reis, corsario judío nacido en Esmirna, Turquía, quien alcanzó el rango de capitán pashá (Almirante de la flota turca) entre 1550 y 1553. Aliado con el corsario Barbarroja (o Barbarrosa), Sinan Reis llegó a ser su segundo al mando, y se destacó en combates navales contra los enemigos del Imperio. Entre estos cabe destacar especialmente la Batalla de Preveza, en septiembre de 1538, contra la flota combinada de la Liga Santa, constituida por los Estados Pontificios, España, el Sacro Imperio Romano Germánico, la República de Venecia y la Orden de Malta, al mando de Andrea Doria. Esta victoria aseguró el dominio turco sobre el Mediterráneo hasta la Batalla de Lepanto en 1571.

En el siglo XVI ya aparece registrado uno de los primeros piratas sefardíes que, además, actuó en ocasiones como corsario. Se trata de un judío español llamado Simón Fernández, que se había escapado de la Inquisición. No sabemos cuándo nació, pero sí que provenía de las islas portuguesas de las Azores y que por el año 1571 estaba trabajando con el pirata gales John Callis, ahorcado en Newport en 1576. Debido a que tanto Fernández como Callis solían atacar principalmente barcos franceses y españoles, el gobierno británico les permitió a ambos operar desde los puertos británicos. Incluso cuando fue encarcelado por el delito de piratería era tal su poderoso círculo de amistades que pronto pudo contar con personas influyentes para sacarlo de la cárcel. Desde 1579 hasta 1583, se embarcó con varias personas allegadas al célebre pirata y corsario inglés sir Walter Raleigh, llegando a convertirse en el capitán piloto del propio Raleigh. En estos viajes, Fernández viajó a las Indias Occidentales, la costa noreste de América del Norte y las Molucas, islas del océano Pacífico ricas en especias.
Otro ejemplo registrado en el libro “Los piratas judíos de Jamaica” de Moshé Vainroj, es el caso de Yaakob Koriel (o Curiel) también en el S. XVI, nacido de una familia judía que se convirtió al cristianismo bajo la presión de la Inquisición cuando aún era un niño. En su juventud sirvió como capitán de la flota naval española hasta que fue capturado por la Inquisición. Fue liberado más tarde por sus propios marineros, la mayoría de los cuales eran marranos. Animado por sus deseos de venganza, Curiel se dedicó a la piratería, llegando a poseer tres barcos piratas bajo su mando. Poco se sabe acerca de lo que le sucedió más tarde. Algunos creen que con el tiempo hizo su camino a la Tierra Santa, que estudió Cabala en la ciudad de Safed como alumno de rabí Isaac Luria y murió arrepentido en serena ancianidad, siendo enterrado junto a su venerable maestro.


Del mismo libro y autor (Vainroj), encontramos a otro fascinante personaje del siglo XVI encarnado en la figura de David Abrabanel, proveniente de un ilustre linaje de sabios (a la que perteneció don Isaac Abrabanel), quien logra zafarse de de la persecución inquisitorial y llega a las Antillas convertido en un temido corsario a favor de los ingleses. Abrabanel asoló las costas sudamericanas bajo el pseudónimo de «Capitán Davis», comandando una flamante nave llamada “The Jerusalem”. Parece ser que se abstenía de atacar naves en Shabat. Los alimentos en su embarcación eran rigurosamente casher, y la bitácora de viaje de sus naves estaba escrita en caracteres hebreos. El Capitán Davis, uno de cuyos compañeros fue el pirata Subatol Deul, trabó relación, según afirma Vainroj, con el hijo del corsario sir Francis Drake y con él estableció una alianza antiespañola que, en la historia de la piratería caribeña, es conocida como la “Fraternidad de la Bandera Negra” (Black Flag Fraternity).

  Continuará…


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