Un Desayuno Excepcional - Intelecto Hebreo

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06/09/2017
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Un Desayuno Excepcional

Colección y Consulta

Por: Julio Algazi Maya

Al completar con el presente número el tercer año de esta publicación, nos sentimos complacidos por la buena aceptación que en general ha tenido nuestra labor en 36 ocasiones. Existen otros motivos de complacencia, un poco más particulares, que hemos disfrutado todos los colaboradores de “Foro”, por lo que en esta ocasión deseamos compartirlos con nuestro público lector, a través de la siguiente creación de un querido y respetado colega.


La Ciudad de México amaneció fría y húmeda. Las montañas circundantes presentaban un maravilloso espectáculo ya que estaban, hasta sus faldas, cubiertas por la nieve. Pocas son ya las veces en que podemos gozar a plenitud la vista de los volcanes que rodean al Valle de México.
Y, no obstante lo frío de esa mañana invernal, asistí al desayuno mensual que la Dirección de “Foro” organiza para reunir a los que de alguna manera colaboramos en la Revista.
Estas reuniones tienen una característica tan especial que, por lo menos yo, las espero con gran expectativa por el calor y la naturaleza del encuentro con gentes que desde el primer instante ganaron mi admiración y afecto.
Es en estos desayunos en donde se puede aplicar la concebida frase de “compartir el pan y la sal”; pero a la vez se comparte mucho de camaradería y hay tal intercambio de ideas y conocimientos que hacen que las pocas horas vuelen como minutos.
En esa mañana, 1 de febrero de 1992, el frío que padecimos en la Ciudad de México, se tornó en atmósfera cálida y acogedora al sentarnos a la mesa. La conversación generalizada y las que tenían lugar en pequeños apartes, resultaba por demás amena e interesante. Al terminar el desayuno, la sobremesa me resultó de tal manera subyugante que me sentí obligado a tomar la máquina y reflejar tan siquiera un poco de las muchas y buenas impresiones que la reunión me produjo.
Entre los temas que se abordaron, siempre bajo la discreta e inteligente intervención de Jacobo, como moderador, surgió, y por qué no, el cuestionamiento acerca del 500 aniversario de la expulsión de los judíos de España. Paloma, Eva, Sulamita y Emma exponían en sucesión sus puntos de vista. Cada una de ellas, llevando a su manera, su idea clara y precisa de su posición con respecto a si ese momento histórico de la expulsión de España, debía, o no, ser motivo de celebración o conmemoración.
El tema apasionaba. Todos los asistentes nos sentíamos, en una u otra forma, dentro del mismo. Lo vivimos con intensidad. Como si en esos mismos instantes estuviera ocurriendo el acto infame.
Me volqué hacia mi interior y pensé: que puede decir alguien que como yo me acostumbré por muchos años a conmemorar en su fecha la muerte de mis seres queridos. Para mí, la conmemoración es una forma natural de recuerdo de aquellos a quienes mucho amé. Solamente pensar que no diga el Kadish en su aniversario me daría remordimiento y por eso la conmemoración, como acto luctuoso, de la expulsión de mis antepade España es sólo cosa natural y necesaria. No importa que sean 10 ó 500 ó 1000 años los que hayan transcurrido.
Y así, mientras tomamos un sorbo de café, escuchamos diversas exposiciones sobre temas variados. No se fomenta ni el halago de una sociedad de elogios mutuos, ni tampoco se desciende al nivel de atacar a quien no coincide con nuestro modo de pensar. Formamos todos un grupo heterogéneo que encuentra en su misma diversidad la base de su convivencia. Thalia, Becky, Andrea, Bertha, Sara, Miki, Perla, Reyna, los Korzenny y los Amato y sin faltar naturalmente la siempre dinámica Magda.
que felicidad y alimento para el espíritu representan los Manueles (Levinsky y Taifeld), Albert y André; Benjamín y Meno, y el otro Jacobo (Königsberg) y Enrique. Y qué decir de Bill, un profesionista cabal y un periodista de hueso colorado. Y como nos adorna la mesa con su simpatía y juventud Vicky. Sin faltar, claro está, aquellos que como Danielle y Violeta vienen a reforzar la asistencia.
Permítanme un rotundo y sonoro ¡BRAVO! para todos los que participamos en esos desayunos (también para aquellos colaboradores que por diversas causas no pueden concurrir). Deseo en forma especial y estruendosa lanzar un ¡BRAVO! para todas ellas, dignas y ejemplares, llenas de femineidad, de inteligencia, de gracia y de entereza con la que siempre se ha caracterizado a la mujer judía. Larga y productiva vida les conceda Dios y por muchos años más nos sigan brindando sus luces de conocimiento.
Por eso ahora les digo a mis familiares y amigos: por favor, no cuenten conmigo el último sábado de cada mes. Voy a estar muy ocupado. Voy al desayuno de "FORO".

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