Una hija para casar... - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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Una hija para casar...

Colección y Consulta

La Carta de Moussali
..."Una hija para casar... Dios mío ¡Qué problema...!


Por: André Moussali

En francés y al son del laúd, Enrico Macías, cantante judío argelino, describe los problemas a los que se enfrenta cualquier padre judío para casar a su hija.
Ya se ha hecho costumbre, que los padres no sólo deban de educar, vestir, mimar y demás a las hijas, sino que además se les tiene que pagar para que se la lleven... Así, después de años de educación y desvelos, algún buen muchacho recibe los parabienes y la ayuda económica de estos padres.
Lilian, a los 23 años de edad, aún no se casaba. Sus padres, desesperados, le buscaban novio de punta a punta de la comunidad. Pero sin mucho resultado, ya que en varios casos, las cantidades exorbitantes de dinero que se les pedía, no estaba al alcance de ellos. La solución la encontraron con un joven israelí, que al parecer, no se mostraba tan pretencioso como los demás. En poco tiempo, se conocieron, se amaron y se casaron. Desde luego, el padre de Lilian sufragó todos los gastos, amén de establecerle un negocio para ayudarlo, y pagar el viaje de sus padres para asistir a la boda.
El porvenir se veía feliz... Sin embargo, al cumplir el primer año de casados, Boaz, el marido de Lilian -quien se había creído el "sueño americano"-, se mostró frustrado por no haber hecho fortuna tan pronto como él se lo había imaginado. Además, como es de esperarse, él aún añoraba sus años de juventud y libertad que había vivido en Israel, y se sentía solo, sin sus familiares y amigos.
En un abrir y cerrar de ojos, como por arte de magia, Lilian dejó de ser bella... sus sueños románticos se habían marchitado. Ella estaba embarazada. Así, las malas ideas comenzaron a envenenar su mente... Se le ocurrió rematar toda la mercancía del negocio, al precio que fuera. Al fin y al cabo, no era su capital. En seguida, compró su boleto de avión con cheque sin fondos, y se dispuso a adquirir varios regalos para los suyos en Israel.
Tras ocultar todo lo anterior en su despacho, una buena mañana, desapareció. Sumamente desconcertada, Lilian, acudió a sus padres. No se explicaba el porque de esta desaparición... Iba a tener un hijo de él... Pero como todo buen muchacho, Boaz la llamó al llegar a Israel. "Deja todo y ven conmigo...", le dijo. Lilian no podía creer que su querido esposo había tramado su huida...
En los siguientes días, la realidad salió a relucir, con proveedores, agencia de viajes y tiendas de regalos que le tocaban a su puerta para inquirir sobre el paradero de Boaz. Lilian se dio cuenta de que Boaz no era digno de confianza. Si había tenido la desfachatez de escapar, abandonándola con un próximo hijo, y la vergüenza de aprovecharse de ella y de sus padres, ya nada tenía que hacer con él, y mucho menos en Israel, terreno poco conocido para ella.
Después de algunos meses, Boaz ya no le llamaba por teléfono. Con seguridad, andaba ocupado en divertirse con su nueva libertad y con el dinero de sus suegros... Lo único que deseaba Lilian y lo único que le quedaba, era pensar en rehacer su vida. Para ello, requería el divorcio. Mediante un amigo en común, Lilian le pidió a Boaz la separación. Este último no aceptó. De esta manera, Lilian se convirtió en una "AGUNA". Una mujer, que de acuerdo a nuestras leyes, si el marido no le desea conceder el divorcio, ella permanece atada a él durante toda su vida.
Tras muchos intentos, Boaz dio señales de vida y le exigió $200 mil dólares (un pequeño detalle), en pago a que él le otorgara la libertad... Después de todo, en América, el dinero crece en los árboles... Muchas mujeres, al llegar a ser "AGUNOT", pierden trágicamente los años más importantes de su vida en espera de la obtención del divorcio, o su libertad, ya que muchas son viudas, cuyos maridos desaparecieron en la guerra. En contraste, si el marido es quien desea el divorcio -a pesar de que ella se niegue-, la corte rabínica le puede otorgar el permiso para contraer segundas nupcias.
Las mujeres más perjudicadas son las ortodoxas, ya que se rigen estrictamente por las leyes de la Halaja. En la práctica, la mujer tiene que esperar siete años, al cabo de los cuales tiene que demostrar que su marido es impotente, homosexual o violento, y sólo, en ciertos casos y con dificultad, se puede resolver positivamente para ellas.
Para muchas en esta situación, la única solución es la de pagar el monto de lo exigido por el marido, y este dinero debe ser entregado frente a la corte rabínica para que supervise que la cantidad sea la correcta, sin que muestre remordimiento alguno de caer y permitir este tipo de chantaje.
No obstante, de acuerdo a Blu Grimberg, autor judío ortodoxo, cuando existe la voluntad por parte de los rabinos, se puede encontrar una salida favorable...
Hasta que nuestros rabinos decidan encontrar esta voluntad de cambiar o de ceder ante esta ley de la Halaja, toda mujer judía es, en potencia, una " AGUNA".




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