Yichi -el Maestro- dijo NO - Intelecto Hebreo

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06/09/2017
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Yichi -el Maestro- dijo NO

Colección y Consulta

Por: Jacobo Konigsberg


Aquel frío día, mientras esperábamos en el Moskabiska a Juan Ponce de León y a Edgardo Nilsen, aproveché para lanzarle a Yichi, el Maestro, que estaba frente a mi calentándose las manos con la taza de café, una pregunta que de tiempo atrás quise hacerle:
Dime Yichi, ¿nunca pensaste en escribir tus ideas o tus memorias?
No. Y si pretendes que lo haga, te contestaré que, si no lo hice antes, ahora que estoy retirado menos. Ya escribí muchas notas de venta, demasiadas letras de cambio, cheques, facturas y cartas comerciales, de aquellas tan serias y pomposas que antaño se estilaban, como para sentarme hoy a escribir. Ya salí de la trastienda y de atrás del mostrador y no pienso volver a recluirme escribiendo sin ver el cielo y la luz del sol.tú tienes mucho que decirnos. Por solidaridad (palabra de moda pensé) por solidaridad deberías trasmitirnos lo que sabes.trasmitimos lo que buenamente podemos y lo que las circunstancias nos permiten. Es difícil valorar que es lo que amerita ser trasmitido y escuchado y que no...no es justo, Yichi -insistí adulador- no es justo que algo verdaderamente valioso sea escuchado sólo por dos o tres personas, y algo estúpido, como tantas cosas que pasan por la televisión, sea escuchado y visto por millones.está en nuestras manos el designar que es "verdaderamente valioso" como tú lo llamas y lo que no lo es. Que lo vea o escuche uno o un millón es sólo circunstancial. -¿Circunstancial?-hombre, circunstancial. Piensa, por ejemplo, en un partido de fútbol, en un estadio con cien mil espectadores. El balón está en juego y cien mil pares de ojos siguen al balón. Lo siguen con interés y una concentración totales. Para esos miles de ojos, el balón es lo más importante del mundo. Piensa que si el partido es de un campeonato mundial y es trasmitido por televisión, serán millones los ojos que se concentraran en el balón y lo seguirán con pasión. Imagina, si el balón tuviera juicio y se diera cuenta de lo que pasa, no cabría en el estadio de orgullo por ser el centro de atención de millones de seres humanos. Pero al terminar el juego ¿quién se acordará del balón olvidado en la cano en una bodega? Los jugadores son las circunstancias...
¡O sea que las circunstancias nos patean! -escuché la voz jocosa de Nilsen atrás de mí. El antropólogo saludó de mano y se sentó a nuestro lado.jugadores son las circunstancias -repitió Yichi sonriendo- han jugado con el balón y lo transformaron en el foco de atención por hora y media. Los hombres somos la pelota, las cirjuegan con nosotros, podremos llala atención por un rato, saldremos por la televisión, en los libros de cuentos o de historia, lo mismo da, al fin nuestro destino será el del balón, el de ser olvidados. Nosotros no jugamos, nos "juegan" ¿Quién juega con nosotros?
¿Quién juega con nosotros? -repitió Nilsen- ¡esa es la pregunta del Gran Premio!ciencia cierta no lo sé -dijo el Maestro- se juega con nosotros. Hasta los que juegan a "hacer historia", son solamente juguetes.
¿Tú no crees que la historia la hagan los hombres, los grandes
hombres? -recalqué la pa"grandes", porque sabía que eso lo

molesta pero él ni se inmutó- que ellos no son juguete de las circunstancias sino que, como se afirma, ellos las trascienden, las crean, las forjan.es lo que dicen los adoradores de la personalidad, los fetichistas que rinden culto a la personalidad de vivos y muertos -intervino Edgardo- y ya vimos lo que ha pasado con esos pobres que idolatraban a sus grandes hombres en Europa del Este. A los superhéroes los crean los literatos, éstos escriben los libretos, las cámaras los proyectan, los maestros los recitan y los niños los repiten.
Los grandes hombres -repitió Yichi exalgo parecido a un suspiro- no sé a quienes te refieres. Hay muchos paranoicos metien la política y, ya ves, teniendo en las manos enormes medios causan enormes males a propios y extraños en su afán de "hacer historia" y cambiar la faz de la sociedad o de la humanidad... para, después de algunas décadas, descubrir que todo sigue igual y que tan sólo causaron la muerte de millones y la ruina de otros tantos, o, ¿te refieres a los que promueven algún invento o descubrimiento.
A los dos -respondimos a coro. Yichi volvió a suspirar:
Bueno... los inventores, los descubrido¡los artistas! que tan festinados y exaltados han sido últimamente, de ellos te diré que, si son sinceros consigo mismos y si no son unos megaómanos, bien saben en su fuero interno que lo que ellos lograron se lo deben a muchos otros, sobre cuyos descubrimientos y conocimientos escalaron para lograr lo que lograron, y que otros pasarán y escalarán sobre ellos para alcanzar otros logros hoy inimaginables. Ellos y nosotros ¡tosomos ladrillos de una gran torre y creo que aunque nuestras dimensiones y características no sean idénticas, todos somos parte de la misma construcción, cuya forma final y cuyo tamaño y características definitivas ignoramos, pero que sólo podrá elevarse si hay armonía entre nosotros y si no la degeneramos en una Torre de Babel.
Bravo, don Yichi, por eso me cae usted bien -irrumpió Nilsen- todos somos peldaños sobre los que asciende la humanidad en su evoluón, todos somos parte del maravilloso proceso y nadie es "más peldaño" que otro. La futura hues la torre!! -concluyó sobre actuando con solemnidad el antropólogo.
Yichi no pudo evitar reír por el desplante de Nilsen.
Ponce de León que entraba, extrañado por el alboroto preguntó:
¿Qué se traen? ¿eh?
Nada Juanito -replicó Nilsen- decidiendo el futuro de la humanidad.
¡Ah, vaya!, ya me estaba preocupando, yo pensé que era algo importante -respondió aquel sentándose.
Sintiendo que el Maestro se me escabullía, insistí:
¿No vas a escribir tus pensamientos?
No -respondió lacónico- considera que sólo soy un conversador, un trasmisor de ciertas ocurrencias que se me vienen a la cabeza, producde mis experiencias, de lo que he oído, leído o recibido por tradición.
Dio un par de sorbos al café y un buen mordisco a la chilindrina que ágilmente tomó de la cesta de bizcochos.


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